Uno de los sectores que emite a la atmósfera una mayor cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) es el agropecuario, incidiendo significativamente en el cambio climático.
Recientemente, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informó que en las últimas cinco décadas (de 1961 a 2010), América Latina y el Caribe habían incrementado sus emisiones agrícolas de GEI de 388 a más de 900 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (tCO2eq), lo que indica un aumento en más del doble. Esas emisiones agrícolas se generan, principalmente, durante el proceso de digestión del ganado y por el cultivo de arroz, la aplicación de fertilizantes y la quema de sabanas.
A su vez, la agropecuaria es uno de los sectores que mayor impacto recibe del cambio climático, como son lluvias irregulares e impredecibles, un aumento de la incidencia de tormentas, sequías prolongadas y la aparición de plagas y enfermedades que afectan a cultivos y animales.
El Quinto Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas advierte que el aumento de las temperaturas y de la frecuencia de eventos extremos tendrá impactos negativos y directos en los cultivos, el ganado, la silvicultura, la pesca y la productividad de la acuicultura, poniendo en peligro la seguridad alimentaria.
Y cuando el sector agropecuario es incapaz de satisfacer la demanda de sus poblaciones, aumenta la dependencia alimenticia de los países, debilitando su autonomía.
La FAO propone la adaptación de los sistemas alimentarios al cambio climático para fomentar la seguridad alimentaria y la mitigación de la pobreza, así como para la conservación y la gestión sostenible de los recursos naturales.
Una iniciativa regional, en la que participan los 16 estados que integran el Foro del Caribe (Cariforum), se lleva a cabo para fortalecer el sector agropecuario ante los efectos del cambio climático.
El proyecto se denomina Alianza Global contra el Cambio Climático para los Países Caribeños y es promovido por el Centro de Cambio Climático de la Comunidad del Caribe (CCCCC), localizado en Belice, con recursos provenientes del Fondo Europeo de Desarrollo. Tiene por finalidad ayudar en el desarrollo de capacidades nacionales para diseñar y aplicar las políticas y medidas que enfrenten el fenómeno.
RD participa en iniciativa
Como miembro del Cariforum, República Dominicana participa de la iniciativa con el proyecto Evaluación de la Vulnerabilidad y la Capacidad y Estrategia Nacional de Adaptación al Cambio Climático en la Agricultura (NASAP).
Su implementación inició el pasado mes de julio y está a cargo de la Fundación Plenitud, en coordinación con el Consejo Nacional para el Cambio Climático y el Mecanismo de Desarrollo Limpio (CNCCMDL) y el Ministerio de Agricultura.
Laura Rhate, de la Fundación Plenitud, ha indicado que evalúan la vulnerabilidad y las capacidades del sector agropecuario con la finalidad de diseñar para el sector agrícola una estrategia de adaptación al cambio climático que tenga alcance nacional.
Las informaciones que servirán de base para formular la estrategia se levantan en dos localidades: la provincia San Juan, donde se experimenta una agricultura intensiva bajo riego, y en Hondo Valle, de la provincia Elías Piña, donde predominan los cafetales, cultivos que al tiempo que proporcionan un medio de vida a los agricultores de montaña protegen las cuencas hidrográficas con su cobertura forestal.
Ambas demarcaciones tienen en común que poseen un alto índice de pobreza. Para 2011 la pobreza tanto en San Juan como en Elías Piña alcanzaba el 59.1%, superando los datos nacionales. Otro aspecto en común es su vulnerabilidad a los fenómenos naturales extremos, como ciclones y lluvias intensas.
Rathe ha indicado que mediante encuestas, entrevistas y talleres indagarán la percepción del riesgo de sus poblaciones y cómo hacen frente a los acontecimientos climáticos.
El proyecto tiene por finalidad que sean formuladas políticas resilientes al clima para la reducción de la vulnerabilidad, y que la adaptación al cambio climático sea incorporada en los procesos nacionales de planificación con el fin de mejorar los niveles de desarrollo económico y social.
También, proporcionar informaciones y recomendaciones para ayudar a las comunidades a nivel nacional, con el apoyo del gobierno y otros socios, a desarrollar y aumentar su capacidad de adaptación para hacer frente a los efectos climáticos adversos.
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IMPACTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO
En una publicación reciente, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha estimado que la producción de alimentos debe aumentar en al menos el 60 por ciento para responder a la demanda de los 9,000 millones de personas que se proyecta habitarán el planeta en 2050.
En ese tenor, propone la transición hacia una “agricultura climáticamente inteligente que provoque una renovación económica y agrícola en las zonas rurales, donde el hambre y la pobreza son más frecuentes”, al tiempo que contribuya a evitar futuras crisis de seguridad alimentaria.
La publicación, titulada “Historias de éxito de la FAO sobre agricultura climáticamente inteligente”, sostiene que para salvaguardar la seguridad alimentaria mundial se requiere impulsar la resiliencia y la capacidad de adaptación de las comunidades rurales al cambio climático.
En ese sentido, propone que se experimenten cambios importantes en la forma en que se cultiva la tierra, para un mejor aprovechamiento del agua, de los nutrientes del suelo y de los recursos genéticos. Las mejoras en el sector agropecuario también incluyen cambios en la gobernanza, la legislación, las políticas, el acceso de los productores a los mercados y en los mecanismos financieros, haciendo que la producción agrícola, efectivamente, sea más eficiente y sostenible.
También recomienda que los esfuerzos para reducir la inseguridad alimentaria incluyan la construcción de la capacidad de recuperación de comunidades rurales a los impactos y el fortalecimiento de su capacidad de adaptación.
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